La no-adherencia al tratamiento afecta en forma directa sus vidas,reduciéndolas en tiempo y calidad. A pesar de esoun 40% de los pacientes hipertensos no logra incorporar las pautas de su tratamiento, y un tercio de los “cumplidores” deja de serlo antes del año. Los especialistas explican cómo a cierta resistencia natural al cambio se le suman premisas equivocadas, y dan claves para adaptar el tratamiento al paciente y no al revés.
Las medidas para tratar la hipertensión arterial (HTA) y prevenir sus consecuencias son bastante conocidas: reducir el sobrepeso, una dieta con más vegetales y menos grasas saturadas, realizar actividad física habitual, no fumar, disminuir el consumo de sal y mantener controlados las grasas y la glucosa. A eso se suma un medicamento o, más frecuentemente, combinaciones de dos o más medicamentos para la reducir la presión arterial. La eficacia de todas y cada una de estas medidas está suficientemente comprobada; pero incorporarlas implica un cambio en el estilo de vida que debe separa toda la vida.
Los fármacos se combinan según las necesidades de cada paciente, pero no son mágicos señala el Dr. Raúl Fernández Contreras, médico cardiólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), “por sí solos no controlan la HTA, y las medidas relacionadas con el estilo de vida contribuyen mucho a que actúen”.
Empezar un tratamiento de por sí es difícil. “Especialmente en las personas más jóvenes, que al no tener síntomas les cuesta más percibir los beneficios de tratarse, y además tienen menos desarrollado que los mayores el hábito de ir al médico”, apunta el Dr. Roberto Coloccini, especialista del Sanatorio Británico de Rosario entre otros centros y miembro de la SAHA, para quien “lo importante es saber transmitir el por qué es importante tratarse, más que los riesgos de no hacerlo”.
Incorporar el tratamiento de la misma manera que la costumbre de comer y de dormir, esa es la cuestión. Y no es tan fácil. Fernández Contreras recuerda por ejemplo que un 60% de los pacientes que inician tratamiento farmacológico son “cumplidores”, pero casi un tercio de ellos dejan de serlo y abandonan la medicación en menos de un año. Además, un 40% son “cumplidores a medias” ya desde el inicio, y un 10% adicional no cumplen con las indicaciones del médico.
El único estudio realizado en nuestro país sobre el tema, Estudio Nacional Sobre Adherencia al Tratamiento (ENSAT), publicado en 2005, ha permitido corroborar que una pobre adherencia al tratamiento farmacológico es causa importante de que los mismos no den resultados. Realizado sobre 1.800 pacientes en todas las regiones del país, el ENSAT mostró que un 52% de los pacientes no lograban adherir a un tratamiento convencional a los 6 meses de iniciado el mismo, y que entre estos, los niveles de presión arterial eran significativamente mayores que entre los que sí lo conseguían. “Hay que tener en cuenta también que este trabajo se hizo con pacientes en consultorios que considerábamos especializados –relata ahora el doctor Roberto Ingaramo, investigador principal del ENSAT, médico cardiólogo del Centro de Hipertensión y Enfermedades Arteriales de Trelew y actual vicepresidente 1º de la SAHA–, y atendidos por especialistas en HTA, pero pensamos que las cifras de abandono o de no adherencia al tratamiento puede ser más alta en lugares como, por ejemplo, el consultorio general de un hospital, o un centro periférico”.
Son numerosas las causas que se han propuesto para explicar esta falta de adherencia, señala Ingaramo, las mismas son muy diversas e incluyen por ejemplo, la edad (a menor edad menor cumplimiento), el número de drogas administradas (a mayor cantidad menor cumplimiento), la cantidad de veces que se toma la medicación al día (a mayor cantidad de veces menor cumplimiento), el costo de los mismo (a mayor costo mayor tasa de abandono) el tipo de fármaco recetado en relación a efectos indeseables (algunos son mejor tolerados que otros). Ingaramo menciona otras explicaciones que dan los pacientes para no cumplir con las indicaciones médicas: “el remedio no me controlaba la presión”, o “me siento bien y ya tengo la presión normal”, otras personas no realizan correctamente el tratamiento porque no han entendido las indicaciones médicas y hasta se de el caso de los llamados “falsos adherentes”, individuos que no toman el medicamento y lo reinician dos o tres días antes de concurrir a la visita “para que el doctor no me rete”. El tema de evidente trascendencia suele generar debates y por ello merecerá un lugar destacado en el próximo Congreso SAHA 2011 a realizarse en la ciudad de Mar del Plata.
“Nadie tiene como deseo innato el tratarse una enfermedad, y por eso para incorporar medidas que van a modificar de por vida la cotidianidad, como sucede con muchas enfermedades crónicas, es necesario que el médico adapte el tratamiento a lo que el paciente puede hacer”, sostiene por su parte el Dr. Carlos Galarza, médico del servicio de HTA del Hospital Italiano de Buenos Aires y miembro de la SAHA. El médico y la familia pueden y deben, según él, hacer mucho para ayudar al paciente hipertenso en este cambio de vida. A esto se suman otras particularidades epidemiológicas de la HTA. Coloccini lo compara con el caso del VIH, donde socialmente aparece mucho más claro e incorporado de parte de los pacientes el concepto de tener que seguir un tratamiento de por vida: “Tal vez por falta de información o de campañas a nivel público y privado, a veces no se advierte que la HTA también pone en riesgo la vida, o se piensa que es curable –remarca–. Incluso hay pacientes a los que el tratamiento les dio resultado y creen que se curaron y lo suspenden.”
La forma de ayudarlos, sin embargo, “no es transmitirles el miedo, sino darles la posibilidad de incrementar su calidad de vida siguiendo las pautas de tratamiento”, consideró. Las siguientes son algunas de las claves que surgen de la experiencia profesional y tienden a revertir cifras generales relevadas por la SAHA a raíz de diversos estudios, que dan cuenta de que sólo entre un 14 y un 20% de los hipertensos logra mantener su presión arterial normal, con 140mm/Hg o menos de máxima. “Cuando se colabora puntualmente con el paciente se logran porcentajes mucho más altas de cumplimiento, incluso por encima del 60%”, asegura Galarza.
Matricula de los profesionales consultados:
Dr. Carlos Galarza M.N.Nº 67144
Dr. Roberto Ingaramo: M.P.Nª 1201
Dr. Raúl Fernández Contreras MN Nª 49698
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